Paco Montalvo: Alma flamenca al violín

A sus 25 años, este violinista ha tocado en los mejores escenarios del mundo. Internacionalmente reconocido como músico clásico, en España Paco Montalvo ha hecho fortuna por haber introducido el violín como voz principal en el flamenco. El próximo 14 de junio actúa en Madrid en el teatro Nuevo Apolo.

Paco Montalvo, violinista cordobés
Paco Montalvo ha tocado en los mejores escenarios del mundo.
Paco Montalvo, un violín que toca flamenco
Paco Montalvo, un violín que toca flamenco

Es lunes. Se ha levantado con gripe y el médico ha ordenado reposo. Aún así, acude a su cita. Nos encontramos con el violinista Paco Montalvo en los jardines del Real Círculo de Amistad de Córdoba, tradicional sociedad cultural de la ciudad en la que nació y vive. Un lugar tranquilo y al resguardo del calor. 

Tiene 25 años. Y se podría decir que musicalmente lo ha hecho todo, aunque él insiste en que “hay muchísimas cosas por hacer. Y lo bueno es que tengo ilusión por seguir creando, innovando… Y sobre todo, por  disfrutar”. 

Con seis años dio su primer recital en su ciudad natal. Con 12, debutó con la Orquesta Sinfónica de RTVE en Madrid. Con 17, tras su éxito con su actuación en la Orquesta Sinfónica de la ópera de Israel, en Tel-Aviv, le invitaron a tocar en la sala principal del Carnegie Hall de Nueva York. Se convirtió en el violinista más joven que se había subido sobre el escenario del mítico teatro neoyorquino en lo que va de siglo. 

Paco Montalvo está considerado entre los tres mejores violinistas de música clásica del mundo. Y es el único que ha convertido a este instrumento en voz principal del flamenco. Paradójicamente, con este giro en su carrera le ha llegado el reconocimiento en España, porque hasta entonces apenas actuaba aquí ni era conocido.

¿Cómo empezaste tan joven en la música? Porque en mi casa había mucha música. Se respiraba música. Mi padre era violinista. A mi abuela le gustaba el flamenco. A mi tía le encantaban las sevillanas. Así que estuviera donde estuviera, solo podía tener música. De ahí ese amor por la música y el flamenco. Y por el violín, porque era lo que siempre tuve más a mano. Si hubiera sido una guitarra o un piano, habría tocado la guitarra o el piano. 

Tu padre tocaba el violín. Fue tu primer maestro, pero te has formado con los mejores del mundo. 

Mi padre tuvo la virtud de llevarme a formar con los mejores maestros del mundo. Cuando le dije un día que esto del violín me estaba gustando, él me preguntó si yo quería aprender de los mejores. Y le dije, ‘hombre, pues claro que sí’. Desde ese  momento, se dedicó a buscarme clases con los grandes maestros del violín. Y a él le daba igual que estuviesen en Estrasburgo, Nueva York, Chicago…

Así que desde muy pequeño tengo, además de esa experiencia de haber aprendido con grandes maestros, esa formación, el viajar a otros países, esa vivencia tan bonita de mi padre acompañándome de un país a otro a las clases. Tenía 12 o 13 años. Ya luego, con 15, empecé

a pasar ya tiempo solo en algunas de las mejores escuelas y universidades de música. Estuve unos cuantos meses en Nueva York, Moscú, Salzburgo… Fueron experiencias más largas que me hicieron crecer mucho como persona y como músico. Pero lo que tenía eran esas vivencias con mi padre que hoy recuerdo con tanto cariño.

¿Echas de menos algo de tu infancia? Tienes pinta de haber sido un chico bastante responsable. 

Eso me lo han preguntado mucho. Sí, puede que fuera más responsable de lo normal por todo lo que estaba viviendo. Pero he disfrutado muchísimo y he hecho lo que he querido. He estado con mis amigos, he disfrutado de fiestas de cumpleaños con ellos, jugaba al fútbol… A mi siempre me ha gustado jugar al fútbol y tocar el violín. Era lo que hacía cuando salía del cole. Y nunca me perdí un partido de fútbol por culpa del violín, que eso sí que me habría dolido. Es cierto que, bueno, algún fin de semana tenía que coger un tren y un avión. Pero era tal la felicidad que tenía por ir y al volver ir a contárselo a mis amigos… Me sentía como un héroe.  

Tu padre vería en ti algo especial ya de pequeño. 

Sí, mi padre probablemente vio que tenía talento porque si no seguro que no habría apostado tanto (se ríe). Mi padre siempre ha querido darnos la mejor formación en lo que hemos querido a mí y a mi hermana[dos años mayor que él].

Música clásica, flamenco… ambos música pero estilos tan distintos. ¿El más difícil? 

La clásica sin duda. Pero cada uno tiene algo especial para mí. En el estilo clásico tienes la oportunidad de recrear algo que ha pasado de generación en generación. La misión de un buen intérprete es hacer exactamente lo que está en la partitura. Y, por supuesto, transmitir algo. 

Y el flamenco es todo lo contrario en ese aspecto. Eres mejor o puedes ser el mejor cuando no haces ni caso a lo que tienes preestablecido, si te dejas llevar. En un concierto de música clásica te puedes equivocar en una nota. Ahora, que el público se entere, esa es otra historia, aunque tú sabes que te has equivocado en algo. Pero si con una orquesta de 90 músicos te comes una frase o enlazas con otra, estás muerto. Y en el flamenco, si haces eso eres un crack (se ríe). Tienes la música establecida, pero si por cualquier cosa se te va, o estás inspirado y quieres hacer otra frase, puedes hacerlo sin problemas. Y eso es bonito, es un cambio muy especial.

Y luego, por supuesto, el ritmo que tiene la música del flamenco, la pulsación de cada palo, le da vida. Es algo muy especial, que aunque no entiendas lo estás viendo. Es algo que la música clásica no tiene. Eso te engancha. 

¿En qué momento decidiste transformarte en un violinista flamenco? 

Lo pensé por primera vez con 14 o 15 años, aunque desde pequeño yo ya tocaba en casa flamenco con el violín. Me gustaba imitar lo que escuchaba de Camarón, de Paco de Lucía, temas populares del flamenco. Estaba en Budapest en el camerino. Iba a tocar la Sinfonía española de Édouard Lalo. Y me quedé pensando lo bonito que sería poder representar mi cultura a través de la música. Tenía tanta ilusión por llevarla a esos escenarios donde yo estaba haciendo música clásica por todo el mundo… 

Y así empezó un poco todo. Yo seguí formándome, dando conciertos por todo el mundo. Y poco a poco fui quitando de mi repertorio aquello que no era música española. Empecé a pedir a quienes me contrataban que me dejaran tocar algo de música de Sarasate, Manuel de Falla, Albéniz… Y lo fui consiguiendo. 

Y de ahí pasé al flamenco. Paco de Lucía era mi referente incluso para tocar Paganini. Quería que mi violín fuera la guitarra de Paco de Lucía, la voz de Camarón... Que Albéniz, Granados, Tárraga, los grandes de la música española sonasen diferente, flamenco, con mi violín. 

Desde pequeño ese fue mi sueño: ser con el violín el equivalente a lo que consiguió Paco de Lucía con su guitarra. Fui pasando el programa clásico a clásico español. Y de ahí al flamenco. Era un riesgo, pero me daba igual. Era lo que quería hacer.

¿Y cómo fue recibido el cambio? 

El primer concierto que hice flamenco fue en Madrid, en 2014, en el evento Mentes brillantes. Dos semanas antes, les comenté lo que quería hacer y cambié el programa previsto. No pusieron problemas. Luego, según iban viniendo las contrataciones, fue empeñarme. 

A los dos conciertos, fue como si algo hubiera pasado. Empezamos a tener lo que se llama el éxito dentro de la música: te llueven las contrataciones. Y de repente me vi moviéndome por sitios que no eran habituales: en España. Yo había tocado más fuera que dentro. Gracias al flamenco he tenido al suerte de poder tocar en toda España. Ya no toco repertorio clásico (bueno, salvo en casa en la intimidad).

¿Y cómo te recibieron los flamencos? 

Eso me preguntaba yo, cómo lo iban a recibir. Me empeñé en poder dar un concierto en una de las peñas más antigua de toda España, la Peña del Rincón del Cante, de Córdoba. Ahí han actuado todos los grandes del flamenco. Desde Paco de Lucía, Camarón, Vicente Amigo… Todo flamenco que se precie ha actuado en esa peña.

Y yo tuve la ilusión y suerte de poder ofrecer mi concierto al poco tiempo de estar ofreciendo este espectáculo. Iba a ser la prueba de fuego. Y para mi sorpresa, al término de la segunda pieza con mi cuadro flamenco, tenía a la peña completa puesta en pie. Nunca antes se había puesto un violín como protagonista dentro del flamenco. Fue emocionante. 

Llevas ya dos discos, Alma de violín flamenco (2015) y Corazón flamenco (2017). ¿El próximo? 

Mi idea es sacar nuevo disco cada vez yo quiera mostrar algo diferente. Pero meterse en el estudio es mortal. Me gusta más el directo, los conciertos. 

¿Qué haces en tu tiempo libre? 

Me encanta tomar una cerveza con los amigos, jugar al fútbol, al tenis, me gusta el cine, me gusta leer, me gusta viajar, algo que gracias a mi trabajo hago a menudo y ¡me gusta dar conciertos! Los disfruto mucho.

Has viajado por todo el mundo. Eres considerado uno de los mejores violinistas clásicos. Estás triunfando en el España con tu violín flamenco, del que eres precursor… ¿qué te gustaría ser de mayor? 

Hay muchísimas cosas por hacer, tanto en la música como en la vida. Y lo bueno es que tengo ilusión por seguir creando, innovando… y sobre todo, disfrutar. Fíjate, en tres días salgo a dar un concierto de violín flamenco en Mozambique. Eso yo nunca me lo hubiera imaginado. Yo hay noches, cuando tengo un concierto que me apetece mucho, en las que cuesta dormir porque tengo muchísimas ganas de ir a tocar. Y eso es que lo disfruto. Cuando sienta que no disfruto, no tendré problemas en hacer otra cosa.