Salud

La osteoporosis

Los huesos sufren, a lo largo de nuestra vida, un constante proceso de formación y destrucción, al que se denomina recambio óseo. En el ser humano se alcanza una calidad óptima a lo largo

de la segunda década de la vida, comenzando una lenta y progresiva pérdida a partir de la tercera.

 

Ciertos factores (hormonales, por enfermedades o tratamientos) pueden alterar el recambio óseo, de modo que se acelera la destrucción (llamada reabsorción) en detrimento de la formación, dando lugar a un hueso particularmente frágil y, por tanto, con alto riesgo de fracturarse. Cuando esto ocurre, hablamos de osteoporosis.

Es una enfermedad, por tanto, directamente ligada a la edad, por lo que cobra cada vez más relevancia debido al aumento de la esperanza de vida de la población y, a consecuencia de ello, al envejecimiento de la misma.

Factores de riesgo

Si bien la edad es un factor a tener en cuenta, no es el único que determina la aparición de osteoporosis. Se trata de una patología que afecta especialmente a determinados grupos de población, como las mujeres tras la menopausia (los cambios hormonales que tiene lugar en esa etapa aumentan la destrucción del hueso), personas con enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad celiaca...) o que reciben ciertos tratamientos (corticoides).

Otros factores de riesgo para presentar osteoporosis son los antecedentes (personal o en familiares directos) de fractura, el tabaquismo, la ingesta de alcohol o el sedentarismo.

Se estima que una de cada tres mujeres postmenopáusicas la tienen en España (unos 2 millones) y se producen 25.000 fracturas al año como consecuencia de esta enfermedad.

Es, además, una dolencia que cursa sin síntomas, lo que dificulta el diagnóstico y, en último término, el objetivo final: prevenir la fractura.

Diagnóstico precoz

Para realizar un diagnóstico precoz, es necesario que el facultativo evalúe en cada paciente los factores de riesgo y determine la necesidad de realización de pruebas complementarias.

En personas consideradas de alto riesgo, se recomienda la realización de una densitometría ósea (prueba de imagen que evalúa la calidad del hueso) y unos análisis completos para confirmar definitivamente el diagnóstico.

Cómo curarla

En lo que respecta al tratamiento, lo primero a reseñar es que es una enfermedad que se puede curar. El objetivo es que se produzca una mejoría de la calidad del hueso, que evite una posterior fractura.

Para ello, es imprescindible que el paciente tome conciencia de la enfermedad y siga las recomendaciones del médico en lo que a dieta y estilo de vida se refiere. Así, es fundamental llevar a cabo una dieta que aporte suficiente calcio y vitamina D (rica en lácteos, fruta, verduras, frutos secos, pescado azul), una vida activa (caminar, al menos, 30 minutos diarios) y evitar conductas de riesgo (fumar, beber alcohol, ingesta de grasas en la dieta, coger pesos, caídas).

En los pacientes con una osteoporosis más severa o de alto riesgo de fractura, lo anterior puede no ser suficiente y se precisan fármacos que actúan a nivel del hueso, frenando la destrucción del mismo.

La osteoporosis es, por tanto, una enfermedad muy frecuente en nuestro país, difícil de diagnosticar, dado que cursa sin síntomas y que puede acarrear complicaciones graves (fracturas). Es de vital importancia que los pacientes de riesgo (mujeres postmenopáusicas, enfermos crónicos) consulten con el reumatólogo para determinar si la presentan y, llegado el caso, seguir el tratamiento adecuado para evitar la aparición de fracturas.

Una dieta adecuada y  hacer ejercicio a diario disminuyen significativamente el riesgo de padecer la enfermedad.