Mascotas

La leishmaniosis canina

La leishmaniosis es una enfermedad muy grave en los perros porque, si no reciben el tratamiento apropiado a tiempo, acaban muriendo.

 

¿Cómo se transmite? Se propaga a través de las picaduras de un tipo de mosquito: el flebótomo (Phlebotomus). Las hembras necesitan sangre para la maduración de sus huevos. Todo empieza cuando una hembra pica a un perro infectado.

Síntomas. La leishmaniosis más común suele ser de dos tipos: cutánea, con afectación prioritaria de la piel. Y visceral, donde determinadas vísceras suelen verse afectadas, habitualmente hígado y riñones. Aparecen zonas sin pelo, especialmente alrededor de los ojos, orejas y nariz; ulceras en la piel (habitualmente patas y en las zonas que están en contacto con el suelo); crecimiento desproporcionado de las uñas, formación de nódulos, pelaje deslucido y piel quebradiza, apatía, pérdida de peso, abdomen hinchado, alteración de riñón… Puede ir acompañada también de hemorragias nasales, diarreas, neumonía, conjutivitis.

¿A quién afecta? Principalmente a los perros, aunque también se dan casos esporádicos en otros animales incluso en seres humanos. A diferencia de los perros, la enfermedad en otros animales suele mostrarse menos virulenta.

¿Cómo combatirla? Si logramos detectarla a tiempo, y dependiendo de qué zonas del animal se encuentren afectadas, nuestro perro tendrá muchas posibilidades de llevar una vida razonablemente digna. No llega a curarse definitivamente, pero existen muchos tratamientos específicos para paliar la sintomatología. Desgraciadamente, hay casos fatales, sobre todo entre los animales que presentan una afectación visceral importante.

¿Cómo prevenirla? Existe una vacuna para prevenir y reducir el riesgo de contagio de la leishmaniosis. Debe administrarse periódicamente. Es muy importante también evitar el contagio, especialmente en el periodo de máxima actividad del mosquito: desde el inicio de la primavera hasta el final del otoño.  Se recomienda también tratar al animal con productos de aplicación externa (collares, sprays y pipetas) y evitar que duerma en el exterior. También la  realización de controles sanguíneos al menos una vez al año.