Reportaje

Museo del Aire: Alcemos el vuelo

El Museo de Aeronáutica es un lugar de referencia en la mundo de la aviación europea, entre los que es considerado uno de los mejores. Es verdad que su ubicación, en una vía de servicio de la A5 junto a nuestro municipio, hace que pase un poco desapercibido. Pero en su interior esconde más de 150 aeronaves, muchas de ellas piezas únicas. Una visita que bien merece la pena.

 

Nos adentramos en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, también conocido como el Museo del Aire. El coronel Juan Ayuso, jefe del museo, es el encargado de recibirnos y nos deja en las buenas manos de Pilar Alguacil, quien conoce el lugar como la palma de su mano después de 15 años trabajando aquí. Primero, como guía; y ahora, como investigadora y conservadora de las piezas que llegan. “Una vez que en el museo, te engancha de tal manera que quieres quedarte trabajando y aprendiendo para siempre”, afirma.

Los comienzos del museo se remontan al año 39. Después de la Guerra Civil surge la idea de crear un museo de la aviación a la idea y semejanza de los que existían en la época en Inglaterra o Francia. No es, sin embargo, hasta los años 60 cuando se le da forma vía decreto oficial.

Se surtió de las piezas que había en el cuartel general de Moncloa, donde no estaban dispuestas como un museo al uso. En Moncloa llegó un momento en el que el volumen de objetos era tal, que se planteó la idea de hacer un museo serio en un sitio concreto. 

Se eligió la base de Cuatro Vientos por su amplitud, lo que permitiría crecer en el futuro. Cuatro Vientos estaba próximo a Madrid, el acceso era relativamente fácil y, la base al lado facilitaba el transporte y mantenimiento de los aviones.

En 1981 se produce la apertura oficial del museo. Apenas cuenta entonces con un modesto hangar y algunos aviones en el exterior. Poco a poco, con el paso de los años, ha ido creciendo. Sus más de 66.000 metros de superficie de exposición están repartidos en una zona de exposición exterior y siete hangares que albergan más de 150 aeronaves –aeroplanos, autogiros, helicópteros, hidroaviones, reactores…-, uniformes, condecoraciones, motores, maquetas y otros fondos relacionados con la aviación. 

En los últimos 15 años, el museo ha vivido su transformación más importante, creándose cinco nuevos hangares. La colección nunca deja de crecer. Siempre están esperando la llegada de nuevos aviones, trajes, objetos curiosos, motores etc…La financiación del museo proviene enteramente del presupuesto de Defensa a través del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (SHYCEA).

Los materiales que llegan al museo tienen dos procedencias, o bien del Ejército en sí, en mayor medida; o de las donaciones de particulares, principalmente familiares de militares o coleccionistas. Pero también, y es algo que llama mucho la atención, reciben donaciones de aviones privados que se han construido a mano. Algo que contribuye a dotar a la instalación de una imagen con menos connotaciones militares, más próxima a un museo de la aeronáutica en general, al mundo de la aviación en general, complementándose la parte civil con la militar. Esto te permite enseñar y visitar el museo desde varias perspectivas, según el tipo de visitante. 

Actualmente en el museo trabajan unas 50 personas, lo que dista mucho de sus orígenes, cuando ni siquiera las oficinas del museo se encontraban aquí. Cuatro personas, en una pequeña oficina, estaban a cargo de todo. 

La organización del museo está dividida por épocas. La visita comienza en el Hangar 1, dedicado a los grandes pioneros de la aviación, como Antonio Fernández  o los hermanos Wright, hasta los grandes aviones como el Plus Ultra del año 26, o el Jesús del Gran Poder, de 1927, el avión original que cruzo los mares hasta llegar a Brasil. 

El mantenimiento de todo el material es muy importante y de esta tarea se encarga el personal del museo y gente de la Asociación de Amigos del Museo, organización que tiene mucha importancia ya que hay visitantes asiduos que acuden al museo por devoción. Pilar nos cuenta la historia de Paco. “Venía todos los días; daba igual el tiempo que hiciera. Paco siempre estaba aquí, ocupándose del mantenimiento y la restauración de los motores por pura devoción. Hace 15 días que falleció y nos acordamos de él todos los días.”

El museo esta lleno de curiosidades. Sorprende saber que muchos de los aviones expuestos son los originales o reconstrucciones realizadas en su totalidad con piezas originales. Cabe destacar que se preservan con exactitud los tiempos históricos y las guerras en las que ha participado cada aeronave. Por lo que no sorprende encontrarse aviones con la bandera republicana pintada en sus alas. Como dice Pilar, “aquí lo que importa es la historia, y la historia no se puede cambiar”. También son frecuentes los  intercambios con otros museos y asociaciones para ir enriqueciendo la colección.