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Elba Alonso Monsalve: “El dinero no da la felicidad; se consigue con esfuerzo”

Vecina de Alcorcón, tiene 17 años, ha estudiado en los colegios públicos CEIP/ IES Parque Lisboa e IES Prado Santo Domingo, y cursado el Bachillerato de Excelencia. Gracias a la beca “Amancio Ortega” pasó un año en Canadá, lo que cambió su vida para siempre: el próximo curso cursará Física en la prestigiosa Universidad de Harvard.

 

 

El esfuerzo de esta joven es su mejor carta de presentación. Durante nuestra entrevista no perdió la sonrisa en ningún momento. Al contrario, siempre transmitió ilusión, la que siente por su nueva aventura. Y remarca algo importante: “No hace falta ser rico para estudiar en una universidad de primer nivel; cualquiera puede conseguirlo”. El hecho es que sólo el esfuerzo ha hecho posible que Elba abandone Alcorcón para formar parte de una de las familias académicas más importantes del mundo: Harvard será su campus, donde comenzará a cursar la carrera de Física.

¿Siempre tuvo claro qué estudiaría?

La verdad es que sólo hace un año que fue así. Siempre me gustaron las matemáticas y desde pequeña me ha fascinado la astronomía. Pero la física en particular no me había llamado la atención hasta que la cursé en Canadá. Allí estudié la equivalente a segundo de Bachillerato y realicé muchas prácticas de laboratorio. Aquí, con los problemas que afronta la educación pública por los recortes, es casi imposible llevar a los alumnos al laboratorio y prestarles la atención que merecen; el número de estudiantes por clase es demasiado elevado.

Me enamoré de la física porque es una manera preciosa de aplicar las matemáticas al mundo real. Poco después, fui admitida en el Summer Science Program, un programa de cinco semanas y media en el que estudié astronomía, física, cálculo, uso de telescopios y programación a nivel universitario para calcular la órbita de un asteroide. Eso fue en California, junto a 35 estudiantes de todo el mundo, con todos los gastos pagados. Allí me di cuenta de lo mucho que me gustaría dedicarme a la Física, y en particular a la Astrofísica.

De todas las Universidades en las que podía estudiar, ¿por qué Harvard?

La elección fue difícil. Recibí cartas de admisión de Harvard, Yale, Princeton y el MIT (Massachusetts Institute of Technology). Todas me ofrecieron becas cuantiosas, aunque es cierto que la de Harvard fue la más generosa. Harvard y el MIT eran las que más me gustaban: ambas se encuentran en un medio urbano, Boston, y gracias a su proximidad los alumnos pueden estudiar ciertas asignaturas en la otra universidad. Me acabó decidiendo el currículum de Harvard, sobre todo por las oportunidades que brindan para estudiar Astrofísica.

¿Cómo pensó solicitar ese tipo de beca?

En enero de 2014, cuando estaba en Canadá, me enteré de que hay universidades de Estados Unidos (EEUU) que no sólo admiten estudiantes internacionales todos los años, sino que además otorgan gran cantidad de becas. Lo malo era que la mayoría sitúan a los aspirantes internacionales en desventaja según la ayuda económica que necesiten, y casi todas las plazas y becas se conceden a alumnos americanos. A cambio, las universidades más prestigiosas pueden permitirse evaluar a todos los estudiantes en igualdad de condiciones, y se comprometen a conceder a los admitidos la ayuda económica necesaria. Se lo comenté a mi familia por Skype y les pareció una oportunidad estupenda. Así que decidí intentarlo, por muy difícil que fuese. En la vida muchas veces los únicos fracasos son las oportunidades que dejas pasar.

¿Puede describirnos todo el proceso de admisión, las pruebas y en qué consisten?

El primer paso fue elegir las universidades en las que pedir plaza, y para ello no me quedó otra que buscar toda la información posible por internet, dedicando horas y horas a leer sus páginas web para comprender bien todos los requerimientos y su política para estudiantes internacionales. Todas las universidades pedían el SAT, el examen de acceso a la universidad en EEUU. Evalúan la capacidad de análisis de textos, de redacción y el nivel de matemáticas. Después, cada uno elige hacer otros exámenes de asignaturas relacionadas con sus intereses; en mi caso, matemáticas avanzadas y física, que cubren el currículum estadounidense. Muchos estudiantes, tanto americanos como internacionales, pagan por clases de preparación, pero yo estudié por mi cuenta con algunos libros que encontré por internet.

El proceso de admisión es diferente al de España. Aquí, cada estudiante es un número, una nota. Allí el SAT es uno de los innumerables requisitos. Las solicitudes se envían a través de internet a principios de enero. Tienes que enviar tu historial académico de los últimos cuatro años, enumerar las actividades extraescolares que realizas para explicar a qué dedicas tu tiempo, los premios que has ganado… Te piden hablar de ti y para ello tienes que escribir ensayos. Cada universidad tiene su solicitud y pide los ensayos que considera oportunos, con preguntas que pueden ir desde “¿Cómo te imaginas tu vida en esta universidad?” hasta “Describe una forma poco habitual que tengas de pasártelo bien”. Los aspirantes dedican muchas horas a pensar sobre qué escribir y a hacer borradores para perfeccionar los ensayos. También hay que enviar cartas de recomendación de varios profesores. La mayoría de las universidades cuentan con ex-alumnos en diversos países para entrevistarte (yo hice cuatro entrevistas). A los internacionales les suelen pedir demostrar un cierto nivel de inglés con el TOEFL.

Si necesitas ayuda económica, como es el caso de la mayoría, el trabajo no se acaba en enero, sino que después tienes que completar nuevas solicitudes y enviar todos los documentos que piden… en inglés. ¡Este año he aprendido a traducir declaraciones de la renta!

¿Cuánta gente accede y cómo?

Hoy en día, gracias a internet, la información está al alcance de todos, y como las solicitudes se completan online, cualquier persona puede pedir plaza en una universidad extranjera. Como he podido comprobar, las universidades estadounidenses se comprometen a ser justos al evaluar tu solicitud, sin importar tu nacionalidad o poder adquisitivo, y a concederte la beca que necesites si eres admitido; cumplen su palabra. Es un proceso muy competitivo, puesto que reciben solicitudes de los mejores estudiantes de todo el mundo. Este año Harvard ha admitido al 5,3% de los candidatos. El proceso es, sin duda, una carrera de fondo, pero si de verdad estás interesado y dispuesto a esforzarte, merece la pena. Esos son los verdaderos requerimientos, y están al alcance de cualquiera que se lo proponga.

El Ministerio de Educación, ¿participa con alguna ayuda? ¿También beca?

La beca que he recibido proviene íntegramente de la Universidad de Harvard. Sí que he recibido ayuda (aunque no económica) de EducationUSA, una organización dependiente del gobierno estadounidense que busca alumnos en distintos países del mundo interesados en estudiar en EEUU, a los que guían en el proceso de admisión de forma gratuita.

¿Cómo se plantea allí su vida? También ha estudiado piano. ¿Qué pasará con su carrera musical?

Viviré en una de las residencias del campus de Harvard, como la mayoría de estudiantes. Un orientador me ayudará a elegir las clases para conseguir los créditos necesarios para graduarme, pues cada alumno diseña su propio itinerario. Las actividades extraescolares también son muy importantes, y se anima a que todos los alumnos hagan deporte, música, se apunten a clubes… Hay más de cuatrocientas organizaciones estudiantiles. Definitivamente, seguiré recibiendo clases de piano. No me van a faltar pianos donde poder ensayar…