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“El mundo en el que vivimos nos exige preparar mejor a nuestros hijos”

Como modalidad educativa, el Bachillerato Internacional suma 47 años de existencia y es una de las fórmulas más prometedoras por su cercanía al mundo universitario e incluso profesional. También por su reconocimiento más allá de nuestras fronteras. Así nos lo explica el experto en educación Juan Luis Yagüe del Real.

 

“Una de las virtudes del Bachillerato Internacional (BI), surgido en Ginebra (Suiza) en 1968, es no estar sujeto a los giros y cambios políticos”, comenta el experto Juan Luis Yagüe del Real, director del Eurocolegio Casvi, centro que imparte esta modalidad. En España, 74 centros educativos han optado por esta modalidad formativa, basada en una enseñanza sensiblemente más experimental, centrada en la indagación y la investigación, y con un formato que cabría tachar de semi universitario por la metodología aplicada para abordar y resolver problemas y cuestiones en un determinado ámbito.

“El Bachillerato Internacional, de dos años de duración, goza de un amplio reconocimiento por las universidades más prestigiosas del mundo. El alumno que lo culmina se sitúa a un nivel académico superior por ser un título que abre las puertas de cualquier universidad nacional e internacional”.

“El BI –prosigue– está orientado a estudiantes constantes y trabajadores. Es una fórmula muy apegada a la práctica, más exigente, que permite ofrecer más a los más comprometidos, chavales que persiguen aprender cosas diferentes y ampliadas”.

Implementación progresiva

La experiencia en la implementación del BI ha constatado que el salto de 4º de ESO al BI no siempre resulta fácil. “Por ello estamos implantando los sistemas previos, también auspiciados por la Organización de Bachillerato Internacional, como son el Primary Years Program (PYP), en Infantil y Primaria; y el Middle Years Program (MYP), destinado a ESO”, aclara Yagüe del Real.

La metodología de enseñanza se basa en unidades de indagación que cubren todos los objetivos y competencias de estas etapas. “Guiados por el profesor, los chicos indagan, investigan y logran un aprendizaje significativo. La intención es hacerse con las herramientas necesarias para afrontar con éxito el BI”, matiza.

“En unas y otras etapas, muchos de los trabajos pasan por prácticas que invitan a buscar y razonar, motivando la exposición que luego proyectarán de forma escrita u oral. También se aborda la dialéctica en público, y además desde pequeños. Aquí no vale copiar y pegar: hay que aprender a sintetizar, redactar, exponer (incluso utilizando Powerpoint)... El formato de clase dista del habitual, donde el profesor ejerce una clase magistral y el alumno escucha y toma apuntes”, explica Yagüe.

En contraste, el profesorado del BI simultanea contenidos tradicionales (hasta el 85 por ciento del temario) con retos a los alumnos, que han de actuar de forma interactiva, y les corrige si fuera necesario. “Muy motivados y casi sin darse cuenta, aprenden en un entorno más multidisciplinar, probando y ensayando, y adquieren destrezas que les hacen más capaces y competitivos, no ya con el resto de alumnos españoles, sino con los de cualquier otro país con los que, probablemente, completarán su formación y terminarán trabajando”, afirma.

Y prosigue: “Adquieren conocimientos haciendo cosas y tienen que buscarse la vida para dar con fuentes y recursos. Pero está demostrado que este emprendimiento les gusta más
y fomenta su inquietud. La metodología del reto incita y motiva al estudio en mayor grado. Al final, y a modo de síntesis, se plantean ‘qué sabemos, qué queremos aprender y qué hemos aprendido”.