Miguel Ángel Follente: Un creador internacional

A Miguel Ángel Follente le gustaría ser recordado como el pintor de Alcorcón. Madrileño de nacimiento, pasó casi una década viviendo en Londres y Nueva York y volando por todo el mundo para exponer sus cuadros. Pero, como tantas veces, el amor le hizo aterrizar en nuestra ciudad, en la que reside ya desde hace 20 años. Ahora, expone su obra en el centro cultural El Castillo, en su propio barrio. Ahí permanecerá trabajando durante todo este mes y explicando sus pinturas a todo aquel que visita la muestra.

Un creador internacional
Un artista reconocido internacionalmente que, por primera, expone sus obras en la ciudad donde reside.
Un creador internacional
Paseando por el barrio de Los Castillos de Alcorcón, Miguel Ángel Follente encuentra la paz que le permite pensar y encontrar inspiración para sus nuevas creaciones.
Un creador internacional
La muestra 'Creación Simbólica pictórica' se puede ver hasta el día 30 de noviembre en el Centro Cultural Los Castillos.
Un creador internacional
Miguel Ángel explica personalmente sus obras a los visitantes que lo desean. Para poder hacerlo, trabaja en el mismo lugar que expone durante 12 horas seguidas.
Un creador internacional
El pintor busca crear pinturas únicas, originales y ambiguas, para que el espectador pueda participar y sentirla suya.

Lleva ya casi un tercio de su vida siendo vecino del barrio de Los Castillos de Alcorcón. Unas calles que conoce bien porque paseando por sus rincones es como le gusta buscar a Miguel Ángel Follente la paz que le permita pensar, la frescura que le lleve a dar con nuevas ideas para sus siguientes creaciones. Porque, según sus propias palabras, no se siente parte de ningún movimiento artístico. Se considera, por encima de todo, un creador. “Singular, único”. Y diferente, como le comentan muchos de los visitantes estos días en el centro de nuestra ciudad que muestra sus pinturas. 

Se ha formado, y mucho, en la parte técnica de la que considera su profesión; primero en Madrid, donde encontró la vocación desde pequeño, cuando se pasaba todo el día dibujando. Estudió dibujo en el Círculo de Bellas Artes, y pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, ambas en la capital. 

Después ha continuado siempre aprendiendo, en las principales capitales europeas, como Londres, donde residió y se dio a conocer a nivel internacional; en París, en Bruselas, en Berlín, en Amsterdam, en Roma, donde le nombraron académico del Senado de la Accademia Internazionale d’Arte Moderna, uno de los muchos reconocimientos que ha recibido en su ya larga trayectoria, pero del que seguramente se siente especialmente orgulloso; y tiene donde elegir, porque también es Premio Nacional de pintura y dibujo, entre otros muchos galardones. También vivió en la cosmopolita Nueva York. 

“Pero el arte, las obras, son algo absolutamente personal. Nadie te puede enseñar a pintar. O naces con ello, o no hay nada que hacer”, dice.

 

Una trayectoria internacional 

Su trayectoria internacional comenzó por casualidad, podría decirse. Pero la suerte, también podría decirse, la encuentra quien la busca. Como la inspiración ha de encontrar a un pintor trabajando, la célebre afirmación del célebre Picasso que Follente suscribe por completo. 

Y todo empezó así. Hace tres décadas exponía en una de las ediciones de Arco, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, una de las principales del circuito internacional y la que considera su disparadero. Un desconocido inglés entró en su stand. Vio sus obras, le gustaron, y le propuso exponer en su galería de Londres. Y allí que se trasladó para quedarse durante cinco años con un contrato de exclusividad. 

Al vencimiento, cruzó el Atlántico y vivió en Nueva York durante tres años… fueron tiempos de constantes viajes por los cinco continentes para mostrar su obra al mundo, en las que refleja “temas universales, que nos atañen a todos. Sin religión, política, ni nacionalidad: la muerte, el amor, la maldad, el cinismo, la hipocresía… el teatro de la vida. Yo que he viajado por todo el mundo puedo decir que los seres humanos no somos tan diferentes”, apunta.

Pero entonces apareció en su vida Isabel, una alcorconera entonces novia y ahora esposa. Y el amor le trajo a nuestra ciudad. 

Compraron una vivienda sobre plano hace 20 años, cuando todavía había en la cercanía ovejas pastando… recuerda. Se casó y vino al mundo Estela, su hija de 17 años. Las dos personas, asegura, a las que más admira. “Mi mujer me cambió la vida. Son decisiones vitales que te marcan. Pasar de estar viajando a todas horas y por todo el mundo, a crear una familia… todo un cambio, en positivo”, reflexiona este artista con la perspectiva de sus 68 años de edad.

Dos décadas después, y paseando por esas mismas calles que acogieron a este nómada cuando comenzó a arraigar en nuestra ciudad, fue como surgió la muestra que se expone en el Castillo pequeño, el que alberga el centro cultural Los Castillos, hasta el próximo 30 de noviembre, y que lleva por título Creación simbólica pictórica. PERSONAJES: esencias vitales de la vida.

En lo que va de 2018 ha expuesto ya en Roma, Luxemburgo, Amsterdam, Budapest, Bruselas y Madrid. 

En una de sus habituales caminatas buscando encontrarse con la musa de la inspiración, decidió entrar en el centro cultural a principios de este año. 

Tenía la cuenta pendiente de mostrar sus pinturas en su ciudad. Porque quiere ser el pintor de Alcorcón, poner su granito de arena en la cultura local en un espacio además próximo a su casa, del que asegura le gusta todo, “incluso el aire especial que se respira”. 

Allí se presentó a la responsable, Dolores Fernández (Lola), y le mostró sus obras en su página web personal: www.follente.com. Le encantaron y le ofreció exponerlas allí. 

Pero su apretada agenda de compromisos ha retrasado hasta este mes de noviembre la muestra, que puede visitarse de lunes a viernes de 9 a 21 horas. Y es que en lo que va de 2018 ha expuesto ya en Roma, Luxemburgo, Amsterdam, Budapest, Bruselas y Madrid. 

Así ha visto cumplido ese deseo Miguel Ángel. Pero ahora quizá tenga otra deuda con su ciudad, aunque no sea un pintor de paisajes: una obra que recoja algún rincón o elemento de Alcorcón… Tal vez un Castillo de Valderas, apunta: “Tengo que hacerlo”. 


"Me moriré pintando"

Estos días trabaja en el mismo lugar en el que expone, durante 12 horas seguidas. Incluso come allí. Se ha instalado una mesa y una silla en la sala de columnas del centro cultural y en ella se afana en los bocetos de sus próximas creaciones. 

Ha vendido 10 obras en los 10 primeros días de exposición. “Su valor está entre los 100 y los 20.000 euros. Para todos, clase alta y baja. Profesionales, coleccionistas o simplemente aficionados”. Y, además, hace de guía. 

Explica personalmente sus obras a los visitantes que lo desean. A cualquiera. Porque su vida es la pintura: “Y me moriré pintando. Es mi profesión, yo vivo del arte. Es muy difícil, hay rachas buenas y malas, pero para hacer algo en la vida tienes que poner toda la carne en el asador. Es muy corta, y si he nacido para esto me tengo que dedicar en exclusiva. Si me dedico a otras actividades, no te dejan tiempo para pintar. Tengo que estar, en las buenas y en las malas”.

Reconoce que ser artista es más duro de lo que parece. Doce horas de trabajo diario, desde que se despierta hasta que se acuesta. O, incluso, cuando se levanta en medio de la noche porque se le ha ocurrido algo o se da cuenta de que debe corregir algún trabajo. “No responde a la imagen del bohemio que trabaja cuando quiere”. Porque no es lo mismo un cuadro que una obra de arte. El cuadro ocupa un espacio, decora. El arte es creación, y precisa documentarse, buscar información en Internet, trabajar, probar, pensar, inspirarse, corregir, encajar, perfeccionar. “Hay que dar el cien por cien, como un científico que se dedique a la investigación”, asegura. 

Por eso procura estar en el lugar en el que expone. Ha de “defender” su obra, que define como creación pictórica simbólica y literatura simbólica. Escribo libros… con pinceles”. 

El mejor consejo que ha escuchado es: “Haz en la vida lo que desees. Pero hazlo bien”. Siempre se lo ha aplicado a si mismo y ahora se lo inculca a su hija.

Unas pinturas que reúnen el realismo pictórico, el expresionismo interpretativo y la abstracción material, “dependiendo de la necesidad de la temática”, explica. 

Lo importante es que sean únicas, originales, “porque ya está todo inventado”. Y ambiguas, para que el espectador pueda participar, sentirse identificado, hacerlas suyas. “Cada una es una historia diferente. Hay que mirarla, comunicarse con ella y sentirla”. 

Y es que, cree, el mejor consejo que ha escuchado es: “Haz en la vida lo que desees. Pero hazlo bien”. Y se lo ha aplicado siempre a sí mismo, “por eso he llegado a lo que he llegado”. Y, ahora, se lo inculca también a su hija. “Admiro a todo el que se esfuerza por conseguir lo que desea, con todo…”. Como hizo Miguel Ángel Follente, el pintor de Alcorcón.