Luis Cobos: "Yo soy de la música emocional"

A sus 68 años el director de orquesta, compositor, productor... Luis cobos no para. Pregonero este año de las fiestas de Alcorcón, hemos quedado con él para repasar la prolífica trayectoria de una persona con más de 15 millones de discos vendidos, que ha sabido aunar como nadie vanguardia y tradición en la música y no para de trabajar. En noviembre Sony Music sacará un disco recopilatorio suyo y el 24 ofrecerá un concierto solidario en el Auditorio Nacional.

Luis Cobos: "Yo soy de la música emocional"
Luis Cobos es además la cabeza visible de la Sociedad de Artistas de España (AIE).
Luis Cobos: "Yo soy de la música emocional"
“entre hacer lo que me guste y que me guste lo que hago, opté por lo segundo”.
Luis Cobos: "Yo soy de la música emocional"
Luis Cobos dirigiendo la banda y el coro municipal durante el pregón de las fiesta patronales.

Los más jóvenes es probable que no sepan quién es Luis Cobos (1948, Campo de Criptana, Ciudad Real) ni lo que este director de orquesta universal, compositor y productor ha representado en el mundo de la música. 

De música y solidaridad, con un recuerdo a las víctimas de los atentados y los desfavorecidos, habló en el pregón de las fiestas de Alcorcón el pasado 1 de septiembre. Incluso dirigió una pieza con la banda y el coro municipal. 

Ha hecho muchas cosas “porque he trabajado mucho”... y desde muy pequeño. Recuerda cómo con cuatro años su padre, músico aficionado, reunía los domingos en la cocina de su casa “una orquesta muy peculiar con flautas, clarinetes, bandurrias, laúd, guitarra, contrabajo... que hacía sus propias orquestaciones de obras clásicas para el concierto de Santa Cecilia. Eso me fascinaba”.  Y así empezó, en su pueblo. Luego ingresó, con 9 años, en la Banda Filarmónica Beethoven...

Como director musical ha dirigido o producido infinidad de discos y colaborado con artistas como Plácido Domingo, Mecano, Ana Belén, Paco de Lucía, Julio Iglesias, Pastora Soler, Joaquín Sabina... 

En 1982 su disco Zarzuela, con la Royal Philarmonic Orquestra, en el que se atrevió a introducir una base rítmica, le catapultó a la fama y consagró como director de orquesta en todo el mundo. Con más de un millón de copias vendidas, se colocó  en el número uno de ventas. A ese volumen le siguieron otros superventas como Sol y sombra, Mexicano, Capriccio Russo, Tempo D’Italia... 

Otro momento único: el concierto que el 24 de septiembre de 1985 ofreció en el estadio Santiago Bernabéu con la Royal Philarmonic Orquestra ante 82.000 personas. 

A sus 68 años dice que su única asignatura pendiente es “existir, hacer que las cosas ocurran”. Le gusta además hacer las cosas bien: “Yo siempre opté, entre hacer lo que me gusta o que me guste lo que hago, por lo segundo. Cualquier cosa que hagas, si la haces muy bien y te gusta, te va a dar muchas más satisfacciones que perseguir únicamente lo que te gusta”.

Ha tocado prácticamente todos los palos en el mundo musical.  ¿Con cuál se quedaría si tuviera que elegir? Hay dos actividades que me gustan mucho: la dirección-interpretación y la composición. La dirección es como navegar en un pequeño barco de vela en un mar inmenso... Te enfrentas a 100, 200 personas [los músicos] que vuelcan su energía sobre ti. El instrumento de un director son las personas. Es bonito conjugar o conducir todo ello, toda esa pelea psicológica y artística y convertirlo en algo que la gente goce, que flota en el aire... Y en ese sentido me gusta la labor de dirección, de interpretación y concertación de todo eso. 

Y por otra parte, me gusta componer en la intimidad de mi casa, orquestar partituras de 40 líneas, cinco idiomas... Luego lo pones en el atril y es una maravilla. Aunque no te haya salido bien, es una maravilla en sí; cómo unas notitas tan pequeñas puedan producir ese esplendor maravilloso. ¡Es algo mágico!

Usted se atrevió a añadir una base rítmica a composiciones clásicas. Su disco Zarzuela (1982) fue todo un fenómeno contribuyendo a divulgar y acercar a todos los públicos ese tipo de música. ¿Fue entendido eso entre sus compañeros? Es que yo nunca compuse para mis compañeros. Son discos que hice para el gran público, para que la gente disfrutara de algo que hasta entonces no se disfrutaba y quedaba para unos pocos. Y lo que hice fue llevárselo a todos. La gente me decía que escuchaban mi música en el coche y les animaba... Muchos me decían: “¿Sabe usted por qué me dediqué a la música? Pues porque mi padre me ponía sus discos”. Era música con mucha positividad. La música tiene un poder emocional tremendo. Emocional. Y yo soy de la música emocional.

He trabajado con gente con muy buenas ideas pero que no saben transformarla en una canción de éxito. Y ese ha sido mi trabajo: que a quien me lo ha encargado o al público le gustara el trabajo.

¿En qué proyectos está trabajando ahora? Estoy componiendo la música para la película del primer Libro de Narnia. Sony Music va a sacar también ahora un recopilatorio mío y sigo dando conciertos por todo el mundo. El 13 de noviembre hago uno en la sede de Naciones Unidas de la Propiedad Intelectual de Ginebra; el 24 de noviembre daré otro en el Auditorio Nacional en Madrid, a beneficio de Manos Unidas, una ONG que hace un trabajo fantástico. 

Luis Cobos es además la cabeza visible de la Sociedad de Artistas de España (AIE). Me dedico a los temas de legislación, porque si no hay una correcta legislación sobre los derechos, no hay recaudación para los artistas. 

¿Cuál es la situación actual en este sentido? El mundo de los derechos de los artistas está actualmente en una situación de impasse. No ha cambiado el modelo de negocio, sino las herramientas. Hemos pasado de lo físico a lo digital. Y peleamos por que haya una mejor relación entre uso, consumo y derechos.

¿Y la de la música en España? Aquí hay algo también preocupante: las televisiones no han adquirido un compromiso con la música, a diferencia de lo que ha pasado con el cine. Es necesario que dediquen espacios a la música, no solo a las tres de la madrugada, sino en una hora en la que la gente lo pueda ver. La música aporta un enorme valor a los negocios de entretenimiento. 

Después nos encontramos con la paradoja de que los chicos jóvenes que han montado un grupo tienen que pagar por actuar. Es algo que clama al cielo. 

Aprovecho para hacer una llamada de atención a los políticos para que velen por sus orquestas y bandas, y promocionen lugares donde exista un caché para el artista, que dejen un espacio para la iniciativa privada...