Colegio Amanecer: arriba el telón

El grupo de teatro del colegio Amanecer acaba de alzarse con dos premios en la XIV edición de los Premios Buero de Teatro Joven de la Fundación Coca Cola. También las cuatro actrices protagonistas de la obra La edad de la ciruela, con la que han ganado el premio, han conseguido el Premio de Interpretación ‘ex aequo’.

 

Amanecer.
El grupo de teatro del Colegio Amanecer durante la representación de la obra La edad de la ciruela.
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El grupo de teatro del Colegio Amanecer posa durante le sesión de ensayo de cada viernes por la tarde.

Cinco años de duro trabajo, ensayos diarios y mucha ilusión, son lo que se esconde detrás del éxito. El grupo de teatro infantil y juvenil se creó hace cinco años y ahora cuenta con mas de 85 alumnos de entre los diez y los dieciséis años. En estos cinco años ha montado trece obras de teatro y realizado sesenta representaciones. 

Su director, David Martí Balbastre, es mucho más que un dramaturgo. Este profesor de matemáticas mostró desde joven gran interés por el mundo del teatro. “Cuando estaba en el colegio, me metí al grupo de teatro. En la universidad hice lo mismo. El teatro siempre me ha acompañado. Cuando empecé a dar clasesm monté un par de obras con los alumnos. Al llegar al Colegio Amanecer, y tras un par de funciones de Navidad en las que intervine, los padres me pidieron montar un grupo de teatro… y cinco años han pasado desde entonces”, relata. 

En el grupo  de teatro hay más pequeños que mayores… porque conforme crecen y aumentan las obligaciones académicas, no les da tiempo a compatibilizar los estudios con la exigencia que conlleva aprenderse los textos.

Pablo Fernández y Lucía Arias, ambos de 16 años, son dos de los más veteranos: llevan en el taller de teatro desde sus inicios. Les preguntamos por qué repiten cada año y lo tienen muy claro: “Nos gusta mucho la unión de edades que hay aquí de la que aprendes día a día. El teatro te da muchos valores, te enseña a hablar en público y eso lo aplicas a tu vida diaria”, aseguran.

Lucía nos asegura que sufrió un cambio radical al entrar en el grupo. “Yo me obligué a entrar en teatro como una medida para perder el pánico escénico; era una persona muy tímida. Ahora salgo al escenario como si estuviera en mi casa”, cuenta emocionada.

Como en todo, la clave está en la organización. Ellos reconocen que no notan esa carga extra de estudio. “Simplemente tienes que estudiar una vez el papel, y ya con la práctica se te va quedando”, nos cuentan Pablo y Lucía.

Les preguntamos por la gran acogida de la obra y los premios que ha conseguido a lo que ambos nos responden: “Nosotros hacemos las obras con el fin de enseñárselo a los padres, y solo con el aplauso ya tenemos suficiente. Obviamente el premio es un plus y es una gran satisfacción que se aprecie así nuestro trabajo. En el momento de saberlo fue todo un subidón. No nos lo esperábamos”.

Dado el éxito, a la vuelta del verano les han ofrecido representar la obra en otros teatros de la capital y así darse a conocer ante un público totalmente distinto.